Que esta vida es de preguntas,
más que de respuestas. De tardanzas, más que de puntualidades. De libros por la
mitad, que de libros finalizados. De helados de chocolate que se derriten en
las sandalias recién estrenadas, que de facturas lanzadas desde la cama que
entren en la papelera. De niños reclamando la atención de sus padres, que de
camareros pendientes de que quieres más kétchup en tus papas. Sí, eso,
indiferencia, o ignorancia. De las atrevidas esas, hablamos. Y no por la mini-falda
que lleva en los ocho grados nocturnos de la Sierra Andina –¡que cada uno vista
como quiera! – sino por atreverse a hablar de política, como lo hace de futbol
o de religión. Con mucho ímpetu y pocos argumentos. Esos son los que le faltan
también al que dice que “un clavo saca a otro clavo”. Bendito Romeo Santos que
advierte que eso sólo rima. Una de sus pocas frases coherentes. Pues esto va
más de incoherencias e incongruencias, que de mosquitos que respeten tus
piernas cuando visitas la costa ecuatoriana. Harta me tienen ya. Mis uñas ya
están limadas de tanto rascarme, como lo están mis nalgas cuando decido
emprender “carretera y manta” por este país cuyo eslogan turístico “recorre la
costa, la Sierra y el Amazonas en un solo día”, no hace más que confirmar que
lo de exagerar se nos da muy bien. A la moderación que le zurcen. En lugar de
un morocho, ¡póngame dos, por favor! Como si la leche endulzada con azúcar y
canela fuese a quitarle las penas a una. Para eso ya están las peluqueras, que
por cada sesión les debían de convalidar un año de psicología: “hágame caso,
mija, córtese un poco más las puntas que ya lo están pidiendo a gritos”. A
gritos voy a contestar la próxima vez que me sirvan el segundo plato sin
haberme acabado antes la sopa. Tanta prisa para algunas cosas y cuando la
reunión está agendada para las nueve, empieza a las diez. Misterios de la vida…
Por suerte, la colección de libros de “Antiprincesas” ya está a la venta y
pretende resolver alguno de estos enigmas: “Hija, te acuerdas de cuando
hablamos de que no existían los Reyes Magos, ni Papá Noel? Pues hoy vamos a
hablar del Príncipe Azul”. Toma. Uno menos. Sigue. Dale. Hasta abajo. Cual canción
de reggaetón.
lunes, 9 de mayo de 2016
miércoles, 12 de agosto de 2015
Otra de autobuses
Yo era fiel acérrima de la afirmación “con Correa ya no hay corrupción”, sin embargo el otro día se me acabó el argumento. Ya me habían contado la historia de los $5, pero nunca lo había vivido in-situ.
No habíamos salido del terminal de autobuses de Santo Domingo, que el chofer ya se estaba quejando del exceso de pasajeros que llevábamos. Y ley de Murphy: a los pocos kilómetros, control policial. Nos hacen parar y le piden la licencia al conductor. “Póngase detrás del otro bus”, al que también habían detenido, nos indican.
En ese momento, el conductor saca un estuche de la guantera izquierda y extrae un billete de $5 y murmura: “Lucho”, extendiéndole el billete de cinco al copiloto. Obedeciendo, Lucho baja del autobús con los 5$. A los dos minutos, regresa. Con un “vamos”, le indica al conductor que retome la marcha, no sin antes entregarle de vuelta su licencia de conducción. Y sin rastro del billete de $5.
Como se habían vendido más boletos que asientos disponibles en el autobús, voy sentada en un banquito detrás del conductor y observo esta escena desde primera fila. “Estos guambras* del terminal son unos aventajados”, reclamaba el chofer sobre los vendedores de boletos del terminal, incluso antes de tener que pagar los platos rotos por el exceso de pasajeros.
No sólo los policías están haciendo su particular agosto del puente de 3 días…,todo aquel que está metido en alguna actividad relacionada con los serranos-domingueros que aprovechan el feriado para ir a la costa, está al acecho.
Curiosamente, mientras escribo estas líneas en el que es el cuarto autobús del día, levanto la mirada para ver por qué hemos parado otra vez, y la siguiente frase en una pegatina capta mi mirada: “media fruta mala corrompe y daña a la fruta buena”. ¡Eso mismo pienso yo!
domingo, 10 de mayo de 2015
De recopilaciones
Superado el trauma de las
corvinas de Febrero, estos meses han sido de reencuentros y despedidas; baños en
el Pacífico y aguas termales; de temazcales; de trabajo, mucho trabajo; de
sonrisas, sudor y lágrimas; de skypes; de ensaladas de fruta y morochos; de
boda; de disfraces de monja y de chola que no hacen más que confirmar la frase “las
apariencias engañan”; de conflictos y de resolución de conflictos; de arroz y
más arroz (¿ no era que me gustaba?); de tele transportaciones a la India los
domingos por la noche con los platos especiados del Paki y sus videos bolliwodienses;
de playas paradisíacas; de nuevos sellos en el pasaporte, de Perú; de estrés; de
visitas a la zona rural y mingas; de curso de gestión de riesgos y desastres, y
de terremotos de 5,8 grados en la escala de Richter; de aniversarios de llegada
al Ecuador; de mucho Romeo y poco Marc; de mucho comer y poco correr, a
excepción de los 15k; de mucha resistencia y poca velocidad; de reuniones;
preguntas indecentes; cuidados intensivos al bonsái que se marchita delante de
la terraza; de partidos de futbol de primera división que parecen de tercera, y
empates que enloquecen a la grada; de regalar trocitos del músculo que bombea
en mi pecho a viajeros, enfermos y anónimos; de pérdida de anonimato y ratos
pensando en ello; de infinitas carcajadas nocturnas con Leo Harlem; de comerciantes
bravos; de ideas magistrales y olvidos garrafales que cuestan puestos de
trabajo y unas cuantas canas.
Tras las corvinas de Febrero, sólo
espero/deseo que la venta de pescado en esta lonja no cese o, al menos, siga
tan animada como hasta ahora.
domingo, 15 de febrero de 2015
Corvinas machaleñas
Ojos que no ven, corazón que no
siente. Eso es lo que pensé mientras veía cómo metían el pescado en el autobús
de Machala (ciudad costera y pesquera del sur de Ecuador) con destino Cuenca
(ciudad serrana).
Las cajas de pescado eran tan
pesadas que era imposible no arrastrarlas; rozando por el suelo aquellas colas
de corvina que se escapaban de los plásticos en las que iban envueltas. Los 32º
y la humedad del momento hacen inevitable que el esfuerzo de los dos mozos que
empujan las cajas, no resulte en gotas de sudor chorreando sobre las escamas
de las corvinas. Para más inri, alguna cucaracha ronda la zona y, por
descontado, las moscas revolotean las cajas enviciadas por el olor de los peces.
Yo observo la operación a escasos
dos metros. Me gustaría echarles una mano. Sin embargo, lo que hago es contener
alguna tímida carcajada. En realidad, la situación es tan surrealista que en
ese momento no sé si morirme de risa o morirme de asco. Seguramente, la misma duda me surja
mañana cuando me digan: “ de segundo tenemos corvina”.
lunes, 9 de febrero de 2015
10 cosas que...
10 cosas que no dejan de sorprenderme:
1. Que tu estado civil sea pregunta obligada en cualquier trámite, tipo abrir una cuenta en el banco o firmar un contrato de trabajo…: ¿soltera, casada, viuda?
1. Que tu estado civil sea pregunta obligada en cualquier trámite, tipo abrir una cuenta en el banco o firmar un contrato de trabajo…: ¿soltera, casada, viuda?
2.
Que el café, tinto,
sea el refrigerio de las 17h de la
tarde.
3.
Que lo formal y normal sea lo informal y lo
improvisado a última hora.
4. Que
los niños del balcón de enfrente se pasen el día en el balcón, incluso durante
las horas de colegio.
5. Que
entres a cualquier institución pública y el sonido de fondo sea las
funcionarias coreando a Prince Royce, con la radio en volumen 100.
6. Que
algo tan simple como una salsa de ají
(esto es, cilantro, cebolla, ajo, limón, sal y ají) tenga un sabor tan
diferente en cada picantería.
7. Que
Dori lleve 20 años trabajando entre lavadoras y secadoras 24 horas al día, 7
días a la semana.
8. Que
los mediodías sean tan calurosos y las noches tan frías.
9. Que
ya haya pasado un mes desde que regresé a estas cuatro paredes que tan bien me
acogen.
10. Que
los chinos se unan, como yo, a la migración a tierras ecuatorianas.
martes, 3 de febrero de 2015
Mediando bajo la luz de una vela
La luz de la luna llena no es
suficiente para iluminar la sala de la Casa Comunal. La empresa pública
encargada de gestionar la luz y el agua de la Casa Comunal en la que nos
encontramos ha cortado los servicios por el impago de numerosas facturas. Así que no hay ni luz, ni agua. La
directiva que representa a los vecinos del barrio culpa a la Asociación de
Sordo Mudos de haber generado tal deuda en los últimos meses, y se desentiende
del impago. El Presidente de la Asociación de Sordo Mudos, por su parte, a
través de la intérprete, manifiesta su conformidad con hacerse cargo de la deuda
del agua, pero no así de la factura de la luz, pues según él, la directiva
barrial también ha contribuido al gasto de la electricidad.
Mi función en la sala es propiciar algún tipo de acuerdo entre los vecinos y la Asociación de
discapacitados. Por suerte, otro compañero de Desarrollo Social está allí, y
entre todos conseguimos una justa distribución de las salas de la Casa Comunal
y un incipiente acuerdo en cuanto a los pagos de las facturas. Acuerdo que se
firma bajo la luz de una minúscula vela puesto que, aunque la luna ya está un
poco más arriba dos horas después del inicio de la sesión, no es suficiente
para iluminar los cinco puntos de acuerdo.
A pesar de la oscuridad del sitio
, yo contenta. Primera misión resuelta satisfactoriamente.
lunes, 2 de febrero de 2015
Vacas y procesiones en las carreteras del Ecuador
El hecho de que aquí la distancia
se mida en horas y no en kilómetros es muy revelador. Cuenca-Quito: 10 horas.
Cuenca-Guayaquil: 4 horas. ¿Cuántos kilómetros los separan? Nadie lo sabe. Ni
siquiera las señales de tráfico (si es que las hay…) indican los
kilómetros que faltan para llegar a un sitio (en la mayoría de los casos).
De todos modos, la referencia
temporal no es más que eso, una referencia; pues normalmente hay que sumarle un
par de cuartos de hora más. El viaje siempre te tiene preparado unos cuantos imprevistos. En el camino, se
cruzan rebaños de vacas que descaradamente desobedecen las órdenes de su
pastor, y ni siquiera se molestan con los desesperados pitidos de
los conductores afectados. Las vacas, a su ritmo, invaden los carriles de la carretera,
hasta que los coches ya casi las empujan con la propia
carrocería hacia los laterales. Cuando no son las vacas, las
procesiones interrumpen el tráfico. Procesiones religiosas a las 10 de la mañana de un domingo en pistas
forestales secundarias (que no deben ni estar en el mapa), en las que nunca
pensarías encontrarte un alma. Y, por desgracia, los accidentes también son un
motivo (bastante, bastante) frecuente en la paralización del tráfico.
Así que bueno, después de unos meses aquí, he aprendido que cero credibilidad a cualquier referencia temporal. "Sí, mija, mañana. Mañana, ya firma el contrato”. Sigo esperando. O sea que, nada,
paciencia. Y mientras tanto, ¡a seguir haciendo horas de autobús!
lunes, 26 de enero de 2015
Con un pie en el Oriente
Empieza a amanecer. Después de 9
horas, el negro negruzco que se ve a través de la ventana escampa y se transforma
en un azul oscuro, que poco a poco se convierte en un azul más claro, combinado
de rosa, naranja, rojo y amarillo. Con la luz del sol, el calor húmedo del
Oriente ecuatoriano entra por la puerta del autobús, cada vez que se abre para
recoger a los trabajadores que empiezan su jornada laboral con los primeros
rayos del sol. Es el calor de la selva. Estamos llegando a Puyo. Parada para
recargar pilas con un bolón de chicharrón y carne, y un tazón de leche. Con el
estómago contento, seguimos. Faltan 2 horas hasta Tena. El paisaje confirma que
la Sierra andina queda atrás. Ahora, la vegetación, los ríos, y el calor son
abrumadores y tropicales. Y esto es sólo la entrada al Amazonas…
En Tena desde luego empieza otro
mundo. Otro Ecuador. Los niños comen el producto escondido en las cañas de los
árboles; los perros pasean por la Iglesia donde imparto el curso de
desarrollo sostenible; el ritmo es pausado (más aun si cabe); las peluquerías
el servicio más común en las cuatro calles que conforman la ciudad; los anuncios
con actividades de deportes de aventura, el mayor atractivo turístico; y la lluvia,
torrencial. En Tena, me doy cuenta de que Ecuador es tan diverso que yo sólo
quiero seguir viajando para poder descubrir su riqueza.
miércoles, 21 de enero de 2015
De vuelta
Cuando vuelves a un sitio después
de estar un tiempo fuera hay cosas que cambian, y otras que se mantienen.
Han pasado 5 meses desde que estuve aquí por última vez, pero en la esquina de la cuadra antes de llegar al mercado sigue la señora de la mini-falda, con sus afilados tacones y su bolso colgado a un lado. Sigue esperando, me imagino, a cualquiera que le ofrezca un par de dolarcitos por sus servicios. En el mismo lugar y con la misma ropa (una bata blanca de médico y unos zapatos negros empolvados como si trabajara en la obra del tranvía de Cuenca) sigue también el vendedor de periódicos de la estación de autobuses. “El Extra! El Extra! Compre el Extra! Trae la noticia de un pobre guagua* que murió en un poso”, bramaba el tipo a la vez que agitaba el periódico para captar la atención de algún viajero necesitado de sensacionalismos para sobrellevar las 4 horas de viaje a Guayaquil. Curioso porque, la existencia de este tipo de medios “informativos” parece haberse expandido durante mi ausencia, ¿será que sirven de cortina de humo a la coyuntura económica que atraviesa el país en las últimas semanas?
*guagua= niño
Han pasado 5 meses desde que estuve aquí por última vez, pero en la esquina de la cuadra antes de llegar al mercado sigue la señora de la mini-falda, con sus afilados tacones y su bolso colgado a un lado. Sigue esperando, me imagino, a cualquiera que le ofrezca un par de dolarcitos por sus servicios. En el mismo lugar y con la misma ropa (una bata blanca de médico y unos zapatos negros empolvados como si trabajara en la obra del tranvía de Cuenca) sigue también el vendedor de periódicos de la estación de autobuses. “El Extra! El Extra! Compre el Extra! Trae la noticia de un pobre guagua* que murió en un poso”, bramaba el tipo a la vez que agitaba el periódico para captar la atención de algún viajero necesitado de sensacionalismos para sobrellevar las 4 horas de viaje a Guayaquil. Curioso porque, la existencia de este tipo de medios “informativos” parece haberse expandido durante mi ausencia, ¿será que sirven de cortina de humo a la coyuntura económica que atraviesa el país en las últimas semanas?
La situación económica es algo
que sí ha cambiado con respecto a hace unos meses. Aún así, Ecuador sigue
creciendo y sigue atrayendo turismo. Y con la llegada masiva de gringos, vienen
los problemas típicos de dicho movimiento de gentes, como los hurtos. Consecuentemente,
en estos meses se han tomado nuevas medidas para atajarlos. De ello fui testigo
en el bus hacia Montañita (lugar de turismo por excelencia de la costa
ecuatoriana): un mensaje acústico advierte hasta la saciedad de la presencia de
carteristas y, simultáneamente, el conductor recorre el pasillo del autobús con
una cámara de video en mano grabando las caras de cada uno de los viajeros.
Conductor multifunciones… ¿No sería más eficaz tener una cámara fija que
grabase la entrada de los pasajeros? Digo yo…
Montañita sigue igual. Playa,
calor y fiesta. Yo me “acerco” allí (8
horas desde Cuenca) con motivo de mi llegada al mundo hace un cuarto de siglo.
Sin embargo, mi objetivo en este regreso está claro. Además de deleitar mi paladar
con frutas varias, chancho, morocho y seco de pollo, mi objetivo fundamental es
vender mi formación académica esperando que, más pronto que tarde, alguien la
compre para poder empezar a ejercer mis funciones correspondientes, como lo
hacen el vendedor de periódicos del terminal terrestre, el Extra o la señora de
la esquina.
martes, 8 de julio de 2014
Arquitectos-filósofos-fotógrafos
Desde que nos conocimos hace ya
un par de meses, un día que aparecí en la puerta de su casa despertándolo de la
siesta (“es que me levanto muy pronto”, se justificó), nuestra relación ha sido
muy especial. Por su profesión como arquitecto y su conciencia crítica como
ciudadano nuestras conversaciones han sido una gran fuente de inspiración para
mí y para mi investigación.
Además de hablar sobre procesos
urbanos de gentrificación o de la
evolución de los precios en el Centro Histórico, tocamos otros tan banales temas
como la vida (así, en general), el amor (también, así en general), el destino o
el paso del tiempo. Como dos filósofos, desplegamos las alas de nuestro
pensamiento y sobrevolamos los caminos que cada uno de nosotros ha seguido en
referencia a estas cuestiones.
Esta mañana nos hemos visto para
poner punto y seguido a nuestros encuentros reflexivos. Él con un café delante
y yo con un té. Hemos vuelto a tocar nuestros temas favoritos, así como mis
aventuras en estas semanas que no nos hemos visto. Pero, además, hoy reflexionábamos sobre la
fotografía; en concreto, sobre el poder de las fotos para estructurar
acontecimientos vitales de cada uno. “Tú cuando te tomas una foto en el momento
A sólo la entiendes cuando en el momento B (esto es, días, meses o años
después) vuelves a ver la foto, y visualizas todo lo que ha acontecido entre el
momento A y el B”. Y lo ha ejemplificado diciendo: “Me acuerdo que después de
hacerme la foto en este puente, partí rumbo a Osaka, donde viví 5 años y tuve a
mi segundo hijo. ¡Quién me lo iba a decir que después de esa foto vendría todo
el resto!”.
Esta reflexión por supuesto que
no descubre América. Pero ha sido suficiente para incentivarme a desenfundar mi
cámara y retomar la toma (valga la redundancia) de fotos. Más que nada porque me mata la curiosidad por saber
que va a pasar entre mi momento A (Cuenca) y mi momento B (¿?).
domingo, 6 de julio de 2014
viernes, 4 de julio de 2014
El poder del sol
Pensaba que con la llegada del
verano al hemisferio norte, mi estancia en el hemisferio sur iba a ser de lo
más fría... Así me lo habían advertido. Pero la verdad es que superados los
primeros 20 gélidos días de Junio, estas últimas semanas están siendo de lo más
calurosas y soleadas. Y ¡cómo se agradece! No sólo porque me ha permitido sacar
camisetas de manga corta que aun no habían hecho aparición estelar fuera de la
maleta, sino porque además, de alguna manera la melanina está influyendo en la
serotonina (hormona de la felicidad) y me está haciendo ver todo de color de
rosa; incluyendo los plantones de entrevistados, la apatía de los comerciantes
por realizar la dichosa encuesta de mi investigación y la tediosa
cancioncilla de la vecina de enfrente pidiendo a su guagua (hijo) que baje el
volumen del televisor.
El sol lo arregla todo. O casi todo.
Hay cosas que, por desgracia, por mucho calor y sol que haya no se pueden
arreglar. Como que el día 20 tengo que estar sí o sí en Guayaquil para empezar
a ver mis historias en Cuenca como hechos del pasado.
Hasta ese día, de todos modos,
voy a seguir absorbiendo rayos de sol y viendo todo color de rosa, no sea que
no haya regreso en un futuro… Aunque en realidad algo o alguien me dice todo lo
contrario.
lunes, 30 de junio de 2014
Peripecias en Quito
Salir
de Cuenca implica necesariamente dos cosas. Una, salir de mi zona de confort y
enfrentarme a nuevos estímulos, amenazas y oportunidades. Y dos, unas cuantas
horas de autobús; en este caso, 10 horas hasta Quito, la capital de Ecuador.
Quito
es una ciudad de 35 km de largo y 20km de ancho, según el taxista que me recoge
en la terminal terrestre y me deja en mi punto de destino en la city. Yo me lo
creo. Es enorme. Y además con una significante diferencia entre el norte y
el sur de la ciudad. Al norte, se concentra la clase media-alta,
los negocios, las empresas y la administración local y nacional. Al
sur, las clase social medio-baja, el caos, los burros en las calles y el
desorden. Esta separación está claramente marcada por el monte del
Panecillo que divide ambas zonas. La colina está coronada por la Virgen de Quito, una virgen gigante (al estilo del Cristo de Río de Janeiro en Brasil) que, además de dividir la ciudad
en dos, da la cara a la zona norte (los ricos) y la espalda a la zona sur (los pobres).
Por
supuesto no me resisto a avistar la ciudad, el norte y el sur, desde allí
arriba, así que me propongo, como no, subir al monte por las escaleras a
las que se accede desde el Centro Histórico. Nada más empezar mi incursión un
grabado en la pared me advierte de que no estoy en zona segura. Pero no hago
mucho caso, avanzo animada por un guardia de seguridad con una cacho metralleta que me dice: ¡Dele,
usted está delgadita y no le va a costar llegar arriba! Sin embargo, unos
metros más arriba, una vecina sentada en las escaleras con un par de garrafas
de agua me advierte de que es peligroso seguir subiendo yo solita, que me detenga
en la siguiente calle y que coja el autobús o un taxi para que me deje
arriba. Añade además que, a pesar de que desde hace unos meses la municipalidad
haya instalado unos “ojos de águila” (cámaras de seguridad) para controlar los
robos, la zona sigue siendo insegura. Este aviso, me pone realmente en alerta,
así que sigo su consejo y me subo en el autobús un poco más arriba.
En
el Panecillo, una insignificante decena de gringos y yo observamos las vistas.
Poco turismo, pienso para mí misma, teniendo en cuenta que ese lugar es uno de
los mayores atractivos de la ciudad. Sin embargo, esta percepción cambia cuando
por la noche salimos por la conocida zona de La Ronda. Una calle de estilo
español, colonial, que bien podría ser cualquier calle de Andalucía, que ha
sido reformada y convertida en uno de los sitios de más marcha nocturnos de
Quito. Esta zona sí está repleta de turistas que, como yo, aprovechan la noche
del viernes en la capital del país andino.
Tras
unas horas moviéndome en esta zona desconocida o de aprendizaje, esto es Quito,
regreso a Cuenca, tras otras 10 horas de autobús. Cuenca me tiene atrapada. No sé si por la ciudad en si,
o más bien por todo lo que conlleva mi vida aquí.
lunes, 23 de junio de 2014
Inti Raymi
Aunque el sonido de pronunciar las
palabras Inti Raymi teletransporte a la India (o por lo menos, esa sensación me
da a mí…), lo cierto es que, aquí, en Ecuador, Inti Raymi significa en el
idioma quichua, la fiesta del sol. Ésta es una tradición de los indígenas de
los Andes que cada 21 de Junio, celebran la llegada del solsticio de invierno
(en el caso del hemisferio sur) y veneran al padre Sol, Inti.
El sábado, decidimos ir al Inti Raymi de Ingapirca, un conjunto de restos arqueológicos de origen Inca, a unas 2 horas de Cuenca, y a 3100 metros de altitud. Nada más sacar un pie del coche, empezamos a palpar un ambiente completamente diferente al de la ciudad de Cuenca: enormes chanchos colgando del techo de las tiendas, coloridos trajes tradicionales, música, bailes, muchos bailes, y comida típica de los Andes, como el Chancho a la Barbosa, al que también se podría llamar: "chancho mareao" (pues se va cocinando a medida que se le da vueltas y más vueltas en un horno abierto de brasas). Además del chancho, otra comida típica presente era el cuy. El cuy (kuy en quichua) es técnicamente hablando un roedor de la Sierra. Hablando en plata, el cuy no es más que una pequeña ratita de la Sierra…. Pero había que probarlo, claro. Ahora ya está tachado de la lista “cosas que hacer antes de irme”, aunque con casi total certeza, no se vuelva a repetir tal experiencia...
Otro de los eventos estrella del Inti Raymi es las sesiones de chamanismo. Sin duda, lo mejor
del día. Nos acercamos sorprendidos por la acumulación de personas en el
centro de la plaza. Unas 20 personas esperaban su turno en el círculo creado
alrededor de frutas, verduras e inciensos para depurarse de los malos
espíritus. El chamán va dando vueltas al círculo, pasando por delante de cada uno de los allí presentes, y literalmente escupiéndoles a toda presión y desde una distancia inferior a 20 cm de la cara del paciente, un trago de
una bebida que lleva en una botella en su mano derecha. Una bebida que, combinada con su saliva, se supone, depura/limpia. Realmente, una escena ¡digna de ver!
A diferencia del cuy, la sesión
de chamanismo (para quitarme cualquier posible mal espíritu/vibras antes de volver a Europa)
aun sigue en la lista de “cosas que hacer antes de irme”. Aunque sinceramente no tengo yo muy claro que finalmente pueda tachar esa actividad de la lista de tareas…
jueves, 19 de junio de 2014
sábado, 14 de junio de 2014
Días de fútbol
Yo pensaba que en España éramos
(muy) forofos del fútbol. Pero luego, llegué a Ecuador. Aquí realmente me he
dado cuenta de que los partidos de fútbol, y ahora los partidos del mundial, paralizan
completamente cualquier actividad. Todo. Juegue o no la selección tricolor, Ecuador.
Cuando digo todo es to-do: clases
en la U (como le llaman aquí a la Universidad), reuniones de trabajo y, en
general, cualquier actividad productiva (a excepción, por supuesto, de los
negocios hosteleros que, con esto de que muchos partidos del mundial coinciden justamente
a las 14h del fuso horario ecuatoriano, la hora de comer, son los mayores
beneficiados). Además mientras hay partidos, el caótico tráfico de repente se
vuelve inexistente y las calles que tan vivas están durante el día, pasan a
estar sólo transitadas por los outsiders, los raros a los que nada les importa
el fútbol ni la selección…que son pocos, por cierto.
A parte de paralizar todo, el
mundial implica la casi obligación de contribuir a las “pollas” (en alguna ocasión ya he comentado que los cuencanos
producen la R de forma relajada, tan relajada que la doble R -rr- se convierte en doble
L -ll-). Esto es, con el mundial llega la casi obligación social de participar en
las porras de fútbol: la aportación de unos 20$ a la porra organizada
por amigos o compañeros de trabajo es imprescindible.
Yo, por suerte, parto con 2
ventajas en este mundial: una, tengo tres selecciones a las que apoyar según me
convenga (de momento, Holanda, puesto que el debut de Ecuador no se ha
producido, y que España ya tiene un pie dentro del Iberia: Curitiba-Madrid). Y
mi segunda ventaja, dado que en realidad no me fío de ninguno de los tres sino
más bien del poder de la afición brasileña para volver a llevar a su equipo a
lo más alto, no me he gastado ni 1$ en “pollas”.
miércoles, 11 de junio de 2014
La Isla de la Plata
Ser Piquero de patas azules en la Isla de la Plata no es tarea fácil,
especialmente entre los meses de Noviembre a Marzo, los meses de temporada alta
de turistas, lo que supone la llegada a la Isla de entre 11 y 12 embarcaciones
cargaditas de turistas. El resto de meses sólo llegan entre 2 y 3
lanchas procedentes de Puerto López, tras cuarenta kilómetros y aproximadamente una
hora y diez minutos de viaje dando tumbos, con las melenas al viento y las
pieles al sol.
Cuando desembarcan los turistas en la Isla se les ve con fuerzas, con ganas de comerse la isla y de encontrar los tesoros que, se dice, Sir Francis Drake escondió aquí, en la Isla de la Plata, después de arrebatárselos a los españoles. Unos llevan buen calzado para caminar con comodidad las tres horas que dura el recorrido. Otros, unas simples sandalias cumplen la función de poder decir que han estado en la que dicen es “la Galápagos de los pobres”.
Sus rutas senderistas suelen
interrumpir nuestras actividades diarias, como por ejemplo la incubación de los
huevos. Sin embargo, hay dos momentos en los que los turistas se olvidan de
nosotros para focalizar su atención en otros dos atractivos de la isla. En
primer lugar, el ave fragata, su vistosa papada roja no sólo consigue atraer a
las hembras de su especie, sino también a los largos objetivos de las cámaras
de los foráneos. Y en segundo lugar, los saltos de las ballenas. Los turistas
se detienen en los acantilados de la isla para avistar los saltos de estos mamíferos
que llegan en estos meses a las cálidas aguas de Manabí para dar a luz a sus
bebés ballenas, después de miles de kilómetros viajando desde la Antártida.
A medida que el grupo de
senderismo avanza por la isla y que el sol hace su aparición entre las nubes, cobran
más fuerza las ganas de los turistas por bañarse en la zona sudeste de la isla,
a resguardo de las fuertes olas que azotan el norte. Allí, entre alguna que otra
tortuga marina, coral, Nemos y Doris, los
turistas se lanzan al agua desde las lanchas que los han traído a la Isla,
antes de volver a tierra firme, para acabar el día disfrutando de la
impresionante puesta de sol desde la playa de Puerto López; unos desde la
orilla, otras desde la silla del socorrista.
Mientras, en la isla, los
piqueros de patas azules aprovechamos la calma de la deshabitada isla para preparamos para la llegada del siguiente
grupo con los primeros rayos del amanecer.
lunes, 2 de junio de 2014
Ser
- Libertad es vivir sin teléfono móvil.
- Amor es lo que sienten las madres que salen a trabajar con sus guaguas (hijos) en la parte baja del carro de chifles.
- Frío es Cuenca a las 7 de la mañana.
- Mezcla es pakistanís, mestizos, indígenas, asiáticos, norteamericanos, afroecuatorianos y europeos viviendo en este mismo espacio.
- Prisa es lo que no conozco desde hace un mes.
- Afonía es la señora de la esquina 8 horas al día gritando: “lotería para hoy, para hoy lotería”.
- Común es la quema de incienso en las esquinas de las calles para purificar los sitios.
- Rápido es como se pasan mis días.
- Intrigante es la calle vacía cuando cae la noche.
- -ita es el sufijo favorito del ecuatoriano: Anita (como dejó claro el Presidente Correa en su entrevista con Ana Pastor) Paulita, Carlita…
- Alta es como me siento en ocasiones cuando me comparo con alguna cholita (otra de mis paradojas: con mi 1,58m ¿alta?)
- ¿Bonito? Todo me parece bonito.
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