domingo, 15 de febrero de 2015

Corvinas machaleñas

Ojos que no ven, corazón que no siente. Eso es lo que pensé mientras veía cómo metían el pescado en el autobús de Machala (ciudad costera y pesquera del sur de Ecuador) con destino Cuenca (ciudad serrana).

Las cajas de pescado eran tan pesadas que era imposible no arrastrarlas; rozando por el suelo aquellas colas de corvina que se escapaban de los plásticos en las que iban envueltas. Los 32º y la humedad del momento hacen inevitable que el esfuerzo de los dos mozos que empujan las cajas, no resulte en gotas de sudor chorreando sobre las escamas de las corvinas. Para más inri, alguna cucaracha ronda la zona y, por descontado, las moscas revolotean las cajas enviciadas por el olor de los peces.
Yo observo la operación a escasos dos metros. Me gustaría echarles una mano. Sin embargo, lo que hago es contener alguna tímida carcajada. En realidad, la situación es tan surrealista que en ese momento no sé si morirme de risa o morirme de asco. Seguramente, la misma duda me surja mañana cuando me digan: “ de segundo tenemos corvina”.





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